ADVIENTO. ¡FELIZ AÑO NUEVO LITÚRGICO!

En el calendario litúrgico de la iglesia católica romana, hoy, inicia un nuevo año.

El adviento es el punto de partida para los próximos 365 días. Son los 4 domingos previos a la navidad, y forman una unidad con la navidad y la epifanía. La idea es que estas 4 semanas sean una preparación para el nacimiento del Señor.

El evangelio que la iglesia propone para este día es: Lucas 21, 25-28, 34-36

V.34 Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados por la crápula, la embriaguez y los afanes de esta vida…

El discurso de Jesús es escatológico (habla del futuro), de las últimas cosas.

Yo ignoro mi último día de vida, en ese sentido la vida se mantiene expectante y el consejo de Jesús es que me vigile, que no confíe en mi mismo. Que mantenga el control sobre lo que puede ofuscar mi corazón, me esencia, mi humanidad.

Tres cosas son las amenazas:

  1. La crápula (llevar una vida licenciosa y costumbres poco morales). Esta es una de las tentaciones mas grandes hoy en día. El mundo impone una nueva moralidad que se contrapone a la que Jesús ha sugerido, Se nos imponen dos visiones morales y el consejo del señor es que me vigile, que me examine constantemente bajo que visión moral estoy viviendo mi día a día.
  2. La embriaguez. El signo del borracho es la falta de control, y el mundo invita hoy en día, al desenfreno total, a la satisfacción de todos mis sentidos. Nuevamente el consejo se contrapone, Jesús nos invita al control de nosotros mismos.
  3. Los afanes de la vida. Esta vida nunca será perfecta, estará llena de imperfecciones, problemas y limitaciones. El objetivo del seguidor de Jesús es ganarse el cielo, es hacer tesoros en la otra vida, es buscar el reino de Dios. Esta vida es sólo pasajera y esa es la dimensión que debo darle; algo momentáneo, algo transitorio. Es creer de verdad que por aquí solo estoy de paso.

Tres claros propósitos para iniciar este nuevo año: Visión moral Cristiana, control de mis pasiones y una correcta dimensión de las realidades temporales y eternas. Es la vigilancia que debo mantener sobre mi mismo a la espera del señor. Ya sea cuando venga sobre las nubes y todo ojo lo vea, o sólo cuando lo van los míos y llegue el momento de la mudanza.

 

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