El derecho-deber de los padres a que sus hijos sean educados conforme a sus creencias

Derecho-deber de padres en influir en educación de sus hijos...

El obispo de Ciudad Quesada (Costa Rica), José Manuel Garita, ha publicado el mensaje de apoyo de su diócesis a la marcha cívica en favor de la vida y la familia.

Mons. Garita recuerda que la verdad sobre el ser humano y la institución familiar es la que indica la Biblia. El prelado asegura que la dignidad del hombre como criatura creada a imagen del Creador lleva a la Iglesia a no ser ajena a nada de lo que sea verdaderamente humano.

El obispo recuerda la familia es «núcleo fundamental de la sociedad y célula necesaria e indispensable para el crecimiento, desarrollo y realización integral de la persona humana».

Asimismo, el prelado costarricense defiende «el Derecho-deber que los padres de familia poseen para elegir, discernir y decidir en torno a los contenidos educativos que sus hijos reciben en el centro educativo que han elegido»

Mensaje durante la marcha cívica en favor de la vida y la familia, Ciudad Quesada:

Amigas y amigos, hermanas y hermanos:

En espíritu de unidad, solidaridad y comunión, como Iglesia Católica Diócesis de Ciudad Quesada, nos hacemos presentes en esta marcha cívica en favor de la vida y la familia. Partiendo de la Sagrada Escritura, reconocemos y afirmamos la voluntad de Dios, en su proyecto creador y salvífico, patente ya desde el Génesis: «hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (…) Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer (…) y los dos formarán una sola carne» (cfr. Gen 1, 26-27; 2, 24).

Partiendo desde estas verdades bíblicas -expresión de la voluntad de Dios- tengo que decir que para la Iglesia Católica nada hay verdaderamente humano que le resulte ajeno o indiferente. Nada hay esperanzador que no merezca nuestra atención y promoción. Nada hay que favorezca la dignidad humana que no ocupe máxima atención y mueva nuestro compromiso a su favor.

Y nada está más en la entraña y el corazón de nuestra preocupación eclesial que el trío de temas que hoy nos ocupan en esta marcha cívica, esto es, la vida, la familia y la educación integral de las nuevas generaciones.

1.-La vida:

La vida de cada quien nos resulta extremadamente importante, la vida de todos y sin distinción alguna, la vida desde la concepción hasta la muerte natural, pues es sagrada e inviolable. Y no se trata de una vida cualquiera. Nos resulta esencial la vida en crecimiento, con sentido, en situación de desarrollarse a plenitud y ello, justamente, porque cuenta con las condiciones suficientes para que eso sea posible gracias al empeño del Estado y de las diferentes instancias de la sociedad civil que tienen como finalidad la promoción del bien común, a partir del reconocimiento individual de la dignidad de cada persona.

2.- La familia:

El Papa Francisco ha hablado de la familia como «gran riqueza social» (Papa Francisco, mensaje al I Congreso Latinoamericano sobre Pastoral Familiar, Panamá agosto 2014) que permite y facilita al ser humano pasar siempre de la soledad que carcome a la comunión que plenifica a cada quien. Igualmente, valoramos la familia como aquella que hace más fácil pasar del individualismo poco cristiano a la solidaridad que completa nuestra vocación en cuanto seres sociales (cfr. Mons. Vincenzo Paglia, idem, Panamá agosto 2014). La familia es, pues, núcleo fundamental de la sociedad y célula necesaria e indispensable para el crecimiento, desarrollo y realización integral de la persona humana a lo cuál tiene el Derecho.

Es «la hora de la familia», ha repetido el Papa Francisco varias veces. Quisiera repetirlo yo también en esta ocasión. Pero no de cualquier modo de valorar a la familia. Es esta la hora de una familia fuerte y con lazos sólidos y en armonía, con un vínculo estrecho a Dios que también es familia como nos lo muestra la Revelación. Es la hora de una familia que al andar su ruta sea celosa de ella misma, sepa vigilar sus derechos y se anime a reclamarlos cuando se vean comprometidos de alguna manera.

Es la hora de una familia-iglesia doméstica que comprenda la importancia de la fe en su seno, de una educación que los padres deben poder escoger y direccionar según sus criterios éticos y espirituales. Es la hora de una familia que sepa acoger, defender y promover la vida, que vive la comprensión, que sabe ser verdaderamente tolerante y que enseña valores y se compromete en la construcción de una sociedad mejor para todos.

3.-La educación integral de las nuevas generaciones:

Dado que los padres tienen derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos (cfr. Declaración de los derechos humanos de 1948, art. 26,3), pues ellos les han transmitido el don de la vida y son, por tanto, sus primeros y principales educadores (cfr. Congregación para la Educación Católica, Carta circular de la Congregación para la Educación Católica sobre la enseñanza de la religión en la escuela, n. 2), deseo también reafirmar, en esta oportunidad, el derecho-deber que los padres de familia poseen para elegir, discernir y decidir en torno a los contenidos educativos que sus hijos reciben en el centro educativo que han elegido, en función de que se les brinde una educación integral y no en contradicción con las convicciones religiosas y filosóficas que posean y vivan en la familia (cfr. Protocolo adicional al Convenio para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de París, del 20 de marzo de 1952, art. 2).

Para concluir, además de agradecer esta oportunidad para compartir con ustedes estas reflexiones, quiero insistir en el hecho de que la Iglesia tiene como unos de sus grandes propósitos el cuido y la promoción de todo lo realmente humano, lo mismo que marcar un norte en positivo para que cada persona viva su vida con plenitud y gozo. Como punto final, pero no menos importante, quiero afirmar también con claridad que nunca en el corazón de la Iglesia ni en el mío ni de ningún fiel está presente espíritu alguno de ataque o discriminación, pues ello, en definitiva, tampoco cupo ni cabrá jamás en el Corazón de Cristo, rostro misericordioso del Padre.

Muchas gracias y que Dios les bendiga.

Monseñor José Manuel Garita Herrera

Obispo Ciudad Quesada

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