El amor del Padre Celestial a la humanidad

Dios el Padre es el Ser Supremo en quien creemos y a quien adoramos. Él es el supremo Creador, Soberano y Preservador de todas las cosas. Él es perfecto y tiene todo poder y conocimiento. Tiene “un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre

 

Uno de los grandes interrogantes de la vida es: “¿Quién soy?” Una canción muy conocida de la Primaria ayuda incluso a los niños pequeños a saber la respuesta. Cantamos “Soy un hijo de Dios; Él me envió aquí”. El conocimiento de que somos hijos de Dios nos brinda fortaleza, consuelo y esperanza.

Somos literalmente hijos de Dios, y fuimos engendrados espiritualmente en la vida preterrenal. Como Sus hijos, podemos estar seguros de que tenemos un potencial divino y eterno, y de que Él nos ayudará en nuestros esfuerzos sinceros por alcanzar ese potencial.

Nuestro Padre Celestial quiere que moremos con Él por toda la eternidad. Su obra y Su gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Para que eso fuera posible, preparó el Plan de Salvación. Envió a Su amado Hijo, Jesucristo, a soltar las ligaduras de la muerte y expiar los pecados del mundo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Ese sacrificio es la máxima expresión del amor de nuestro Padre por nosotros.

Cómo llegar a conocer a Dios el Padre

Como hijos de Dios, tenemos una relación especial con Él, lo cual nos distingue de todas sus demás creaciones. Debemos esforzarnos por conocer a nuestro Padre Celestial. Él nos ama y nos ha dado la preciada oportunidad de acercarnos a Él por medio de la oración. Las oraciones que ofrezcamos con humildad y sinceridad serán escuchadas y contestadas.

Aqui mostraremos una parte Hermosa de la revelacion del Padre Celestial a su hija  ,Nuestro Padre Celestial quiere que moremos con Él por toda la eternidad. Su obra y Su gloria es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Para que eso fuera posible, preparó el Plan de Salvación. Envió a Su amado Hijo, Jesucristo, a soltar las ligaduras de la muerte y expiar los pecados del mundo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Ese sacrificio es la máxima expresión del amor de nuestro Padre por nosotros.

Cómo llegar a conocer a Dios el Padre

Como hijos de Dios, tenemos una relación especial con Él, lo cual nos distingue de todas Sus demás creaciones. Debemos esforzarnos por conocer a nuestro Padre Celestial. Él nos ama y nos ha dado la preciada oportunidad de acercarnos a Él por medio de la oración. Las oraciones que ofrezcamos con humildad y sinceridad serán escuchadas y contestadas.

Aqui conoceremos una parte hermosa del mensaje de Dios Padre, dado al mundo a través de Sor Eugenia Elisabetta Ravasio

Esta parte es impactante por lo profundo del mensaje de Dios Padre donde se ve el amor inmenso , mas puro y verdadero de Dios a nosotros sus hijos.

Este es parte del mensaje a Sor Eugenia Ravasio

 

Habla el Padre Celestial:Y sin embargo, mi amor por estos hombres, mis hijos, ni siquiera se ha detenido. Cuando constaté bien que ni los patriarcas, ni los profetas habían podido hacer que los hombres me conocieran y me amaran, decidí venir yo mismo.

Pero, ¿cómo hacer para encontrarme en medio de los hombres? No había otro medio que el de ir yo mismo en la segunda persona de mi divinidad.

¿Me reconocerán los hombres? ¿Me escucharán?

Para mi nada del futuro estaba escondido; a estas dos preguntas respondí yo mismo:

"Ignorarán mi presencia aún estando cerca de mí. En mi Hijo me maltratarán, a pesar de todo el bien que les hará. En mi hijo me calumniarán, me crucificarán para hacerme morir".

¿Me detendré por esto? No, mi amor por mis hijos, los hombres, es demasiado grande.

No me detuve allí: reconoceréis bien que os he amado más que a mi Hijo predilecto, por así decir, o para decirlo todavía mejor, más que a mi mismo.

Lo que os digo es totalmente verdadero, que si hubiese bastado una de mis criaturas para expiar los pecados de los otros hombres, por medio de una vida y una muerte semejante a la de mi Hijo, hubiera titubeado. ¿Por qué? Porque habría traicionado mi amor haciendo sufrir a una criatura que amo, en vez de sufrir yo mismo en mi Hijo. No he querido nunca hacer sufrir a mis hijos.

Este es, en breve, la historia de mi amor hasta mi venida, por medio de mi Hijo, en medio de los hombres.

La mayor parte de los hombres conoce todos estos hechos, pero ignora lo esencial: es decir, ¡que fue el amor el que condujo todo!

Sí, es el amor, es esto lo que quiero hacerles notar. Ahora este amor está olvidado. Quiero recordárselos para que aprendan a conocerme así como soy. Para que no estéis atemorizados como esclavos, con un Padre que os ama hasta este punto.

Mirad, en esta historia estamos sólo al primer día del primer siglo, y quisiera conducirla hasta nuestros días: hasta el siglo XX.

¡Oh, cómo los hombres han olvidado mi amor de Padre! ¡Y sin embargo os amo muy tiernamente! En mi Hijo, es decir en la persona de mi Hijo hecho hombre, ¡qué no he hecho todavía! La divinidad en esta humanidad se veló, quedó pequeña, pobre y humillada. Conduje con mi Hijo una vida de sacrificios y de trabajo. ¡Recibí sus oraciones para que el hombre tuviera un camino trazado y caminara siempre seguro en la justicia, para que llegase hasta mí!

¡Cierto, puedo muy bien comprender la debilidad de mis hijos! Por esto le pedí a mi Hijo que les donara los medios para levantarse después de las caídas. Estos medios los ayudarán a purificarse de los pecados, para que sean todavía los hijos de mi amor. Principalmente son los siete sacramentos y sobre todo el gran medio para salvarse que es el Crucifijo, que es la Sangre de mi Hijo, que en cada instante se derrama sobre vosotros, siempre y cuando lo queráis, ya sea con el sacramento de la penitencia, ya sea con el santo sacrificio de la Misa.

Mis queridos hijos, desde hace veinte siglos os colmo de estos bienes con gracias especiales y ¡el resultado es mísero!

¡Cuántas criaturas mías, que se han vuelto hijas de mi amor por medio de mi Hijo, se han lanzado muy rápidamente en el abismo eterno! En verdad, no han conocido mi infinita bondad, ¡Yo os amo mucho! (expresión preferida por Sor Eugenia y que se repite a menudo).

Por lo menos vosotros, que sabéis que he venido personalmente para hablaros, para haceros conocer mi amor, por piedad de vosotros mismos no os lancéis en el precipicio. ¡Yo soy vuestro Padre!

Es posible que después de haberme llamado Padre y de haberme demostrado vuestro amor, encontréis en mi un corazón tan duro y tan insensible que os deje perecer? ¡No, no, no lo creáis! ¡Yo soy el mejor de los padres! ¡conozco las debilidades de mis criaturas! ¡venid, venid a mí con confianza y amor! Y yo perdonaré después de vuestro arrepentimiento. ¡Aunque vuestros pecados fueran repugnantes como el fango, vuestra confianza y vuestro amor me los harían olvidar, y así no seréis juzgados! Yo soy justo, es verdad, pero ¡el amor paga todo!

Escuchad, hijos míos, hagamos una suposición para que tengáis la seguridad de mi amor. Para mi vuestros pecados son como el hierro y vuestros actos de amor como el oro. ¡Aunque me entregarais mil kilos de hierro no sería tanto cuanto si me donarais diez kilos de oro! Esto significa que con un poco de amor se rescatan enormes iniquidades.

Este es un pequeñísimo aspecto de mi juicio sobre mis hijos, los hombres, todos sin excepción. Por lo tanto hay que llegar hasta mí. ¡Yo estoy tan cerca de vosotros! Entonces, es necesario amarme y glorificarme para que no seáis juzgados, o por lo menos para que seáis juzgados con amor infinitamente misericordioso.

¡No lo dudéis! Si mi corazón no fuera así ¡habría ya exterminado el mundo cada vez que se hubiese cometido el pecado! Mientras que, vosotros, sois testigos, en cada instante se manifiesta mi protección, mediante gracias y beneficios. Podéis concluir que existe un Padre sobre todos los padres, que os ama y que no cesará nunca de amaros, siempre y cuando lo queráis.

 

En esta hermosa y profunda revelacion de nuestro Padre nos damos cuenta del significado del verdadero amor .Mas aun del amor tan completo que solo Dios puede dar al ser el perfecto. Ese amor que nos invita como criaturas llenas de defectos e incompletas a amar verdaderamente , desinteresadamente a dar la vida por nuestros semejantes. A amar sin esperar nada a cambio ,amar por encima de nuestro yo y llegar a ser capaces de entregarnos sin medidas con un Corazon puro y desinteresado.

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