Los misioneros, a veces, también necesitan “reinserción”

Ir de Misión al África es complicado. Sobre todo si ve vive en una país tan desarrollado como Estados Unidos. Pero volver, después de muchos años de servir en una aldea, puede resultar igualmente complicado. Incluso descorazonador, si no se tiene ayuda para hacerlo.

El acompañamiento y el reconocimiento de los desafíos que enfrentan los misioneros que vuelven a casa –la reintegración después de años de pasar fuera de Estados Unidos– es el objetivo de la organización De Misión en Misión (From Mission to Mission), y a ella dedica un extenso artículo Michelle Martin en la versión digital OSV Newsweekly.

“De Misión a Misión ayuda a las personas en su preparación y procesamiento de sus transiciones culturales, ministeriales y de vida para continuar su llamado cristiano a la misión”, según se puede leer en su página de Internet.

En el artículo, Martin narra la experiencia de una misionera de Maryknoll, la hermana Peg Donovan, quien estuvo en misión en Tanzania durante 43 años hasta que su congregación le pidió regresar a los Estados Unidos en 2014.

Durante 25 de esos años, la misionera sirvió en el mismo pequeño pueblo de Kalebezo, donde construyó un programa de salud desde cero, atendiendo a mujeres, niños y personas con enfermedades crónicas. El hospital más cercano estaba a 25 millas de distancia.

Con esa experiencia a cuestas, la hermana Peg dirige ahora el Instituto Misionero de Maryknoll en un sitio diametralmente opuesto a Tanzania: el norte de la ciudad de Nueva York. Pero reconoce (como todos los misioneros que han sido “tocados” por África): “Fue bastante difícil salir de ese lugar después de toda la energía y el compromiso que puse en él”.

De Misión en Misión es una organización sin fines de lucro que ofrece talleres de reingreso para aquellos que regresan de experiencia largas o cortas, no importa tanto el tiempo, sino el tamaño del desafío que enfrentan los misioneros y las misioneras para reintegrarse a una sociedad tecnológica como es la de la Unión Americana.

El organismo trata, entonces, de honrar la experiencia de los misioneros que retornan a su país, dijo a OSV Newsweekly la directoa Julie Lupien. La idea surgió de un retiro en el que misioneros “hablaron de cómo había todo tipo de programas para ayudarlos a prepararse para la misión, pero ninguno que los ayudara a regresar”.

Lupien, quien fue misionera laica en Zimbabwe y en la isla de St. Kitts, fue muy clara al subrayar que “para muchos de nosotras, regresar es la parte más difícil”.

Siempre se está en misión

De Misión a Misión ofrece talleres de diez días, un par de veces al año. Los talleres son recomendados para aquellos que han estado en misión de tres a cincuenta años. Los talleres de fin de semana, son recomendados para aquellos que han estado en misión por uno a tres años. Estos últimos se realizan tres veces este año.

“Nuestro objetivo es honrar la experiencia, sanar lo que necesita sanación y ayudarles a discernir para aquello a lo que Dios los está llamando ahora, porque siempre estamos en misión”, dijo Lupien.

Muchos de los misioneros que regresan sienten que ya no encajan en Estados Unidos, y algunos pueden enfrentar un aislamiento extremo. Es ahí donde funcionan los talleres del organismo.

La gente también puede sentirse abrumada por los cambios que han tenido lugar en su ausencia, y por el ritmo de vida en los Estados Unidos en comparación con el ritmo de vida en que sirvieron. “Muchos de ellos han estado viviendo en zonas muy rurales, donde incluso si tienen acceso a la tecnología, no es nada como aquí”, recalcó Lupien.

También podrían estar sorprendidos por el nivel de exceso de consumo, de productos, de medios, de abundancia de comida, por ejemplo, que existe en Estados Unidos. “Es realmente difícil afrontar que tengamos tanto y esas personas que realmente te importan no tienen nada”, dijo Lupien. “Puede conducir a una sensación de culpabilidad por haberse ido”

De Misión a Misión también ofrece consultas y servicios para grupos que realizan viajes de misión o inmersión a corto plazo, incluyendo alianzas entre parroquias en los Estados Unidos y en el extranjero, o misiones médicas.

Se busca, finalmente, allanar el camino de retorno de quienes alguna vez tendrán que reintegrarse a su sociedad y procesar la experiencia, la mayor de las veces alegre, de haber dado todo por el Evangelio.

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