Hoy pensionado, Don Alfredo Romano, natural de Ocaña, Norte de Santander, no duda en afirmar que su Marianidad nació desde siempre, “La virgen está del lado mío, antes estaba yo del lado de ella”. Cuando recibió su diagnóstico de cáncer, inició inmediatamente un tratamiento, el cual se manejó con el protocolo correspondiente, que consistía en 8 sesiones de quimioterapia, una cada 21 días. Es en el transcurso de este proceso la religiosidad de Don Alfredo se acrecentó y decidió entrar en contacto directo con el Señor a pedir por su salud.

La manifestación más grande se da cuando él pide insistentemente, “Padre, yo creo que yo estoy sano, porque no cambias esos protocolos, cámbialos, dame una muestra de que estoy contigo, de que estoy sano”. “Bájame el número de quimioterapias, siento que no las puedo soportar”. Don Alfredo se sentía sin fuerzas.

Sus largas conversaciones con el Creador, su súplica y sus actos de fe se evidencian un día de estos en que la energía se agota, cuando se presentaron unos médicos cirujanos a la habitación del Hospital Militar de Bogotá y le explican que vienen a realizarle una nueva biopsia. Don Alfredo sintió alegría, se sometió a un nuevo chequeo médico exhaustivo y le dijeron que esa misma noche le hablarían de los resultados. Pasaron tres largos días en el que la angustia y la esperanza se entrelazaban. Y dice Don Alfredo que cuando el médico se dirigió a él fue como si palabras divinas salieran de su boca para indicarle que no era necesario hacerle una nueva biopsia y que en que en Junta Médica se había decidido alterar el protocolo y disminuir de 8 sesiones a 6 quimioterapias.

Dio gracias a Dios y continuó con su tratamiento, convencido de que el Señor le había manifestado su complacencia. Es así, como ya para Febrero del 2013, acude a la Virgen de Torcoroma, (patrona del municipio de Ocaña) y le da gracias por su intercesión, le pregunta con devoción “¿Virgencita dónde estás?”, muéstrame dónde estás. Y él siente una voz interna que le dice: “Aquí he estado, pero no has querido verme”.

Se encontraba ya en su última sesión de quimioterapia, su hija que lo acompañaba salió a desayunar y Don Alfredo continuaba suplicando a la Virgen “Muéstrame que estás conmigo”. Desde el piso 12, “a través de un ventanal observaba la inmensidad del Universo y la grandeza del Señor”, fue allí cuando advirtió una pequeña mancha que había dejado el vómito de una paloma que se estrelló a esa altura contra el ventanal unas semanas atrás. La mancha había estado desapareciendo, sin embargo, Don Alfredo había observado el proceso de la mancha, pues fueron largos días y noches en la habitación 1235 de ese hospital las que tuvo que pasar, así que mirar al horizonte era su gran inspiración.

Así que esa mañana, Don Alfredo siente una especial curiosidad por la mancha que ya había estado diluyéndose y advierte la imagen de la Virgen de Torcoroma y lo primero que piensa es, “me estoy enloqueciendo”. Sin embargo, cuando su hija regresa de desayunar, le pide que ella misma se acerque y le diga que ve, e inmediatamente ella asegura ver la imagen. A las 2:00 p.m., su hermana Soraya quien venía a visitarlo, pasa por el vidrio y sin que supiera algo de lo que ellos se habían percatado unas horas antes, expresa “Uyyy esta es la virgen”. Ya hacia las 4:30 p.m., la imagen estaba mucho más clara y es cuando su esposa se acerca y dice con admiración, esta es la Virgen del Carmen.

La primera reacción fue lograr un registro fotográfico y tratar de entender que estaba pasando. Tardaron solo unos minutos para que enfermeras y personal del Hospital se enteraran. Al día siguiente ya habían filas de personas que querían entrar a conocer la imagen, sin embargo, no era posible pues se trataba de la Unidad de Oncología de un Hospital, así que hasta Infantes de Marina tuvieron que organizar a las personas que se agolpaban a la entrada de la habitación.

Ese día se dio el milagro mayor, Don Alfredro recibió su diagnóstico de sanación y le dieron de alta. El tratamiento había terminado en 6 sesiones de quimioterapia y ahora Don Alfredo estaba sanado.

Desde esos días hasta hoy, se ha encargado de que esas imágenes vuelen por todas partes, que su mensaje llegue a todos los confines de la tierra, replica el testimonio donde se lo pidan y agradece a Dios y a la Virgen diciéndoles “Yo hago lo que quieras”. “Es mi promesa especial”, “de ahí para acá Dios me ha puesto todo en alfombra, todo lo que hago, lo que pongo en marcha, se lo pongo a los pies de la Cruz y de la Virgen que es la más grande intercesora”.

“Hay gente que todavía no cree en la virgen, pero yo doy fe de que el milagro si existe, pero sólo se da cuando hay dos cosas, cuando cambias el llorar por la oración, se puede llorar, pero no puede ser permanente… cuando tu cambias eso por la oración se da el primer momento del milagro y lo segundo es cambiar el temor por la fe”.